Hiroshi Takahashi

El geek

Hiroshi Takahashi

Twitter no vota

20 de Junio de 2012
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El geek

Todos los días escucho o leo alguna noticia acerca del rol que juegan las redes sociales en las elecciones presidenciales en México, como campo de batalla, modificadoras de percepciones, generadoras de apoyo, herramientas de burlas y concentradoras de jóvenes. Y esto me hizo buscar en mi archivo un texto sobre las elecciones de Colombia, donde un candidato trató de aplicar el modelo de comunicación en Twitter, Facebook y blogs que aplicaron los estrategas de Barack Obama en Estados Unidos para apuntalar su llegada a la Casa Blanca y que sirvieron para juntar millones de dólares en apoyos y mano de obra gratuita que lo catapultó hasta donde está. 

Más o menos dice así:

"Facebook no vota", dijo el analista político cuando el presentador de noticias de una cadena de televisión local le preguntó por qué Aurelijus Rutenis Antanas Mockus, el candidato del Partido Verde, había sido superado por más de 25 puntos porcentuales en las elecciones presidenciales del domingo 30 de mayo de 2010 por Juan Manuel Santos, del Partido de la U. 

Recuerdo que en Bogotá llovía ése domingo y se pensaba en las calles que era casi un hecho que los verdes, los ecologistas, los progresistas, los izquierdistas --y casi todo eso que menciona Café Tacvba en su canción del borrego-- saldrían a festejar en las calles de todo el país, convocados por el poder de las redes sociales que habían conseguido unir su voz. 

No fue así, incluso, Medellín, una ciudad que dice ser amante del rap de barrio, underground, ruda y en formación, votó contundentemente por el ex ministro de Defensa durante la presidencia de Álvaro Uribe; ex ministro de Administración de Pastrana y ex ministro de Comercio con Gaviria.

Santos representa, en términos simples, todo lo que un joven mexicano en teoría, no quisiera (con excepción de los más ñoños, aludiendo a un calificativo que hasta los colombianos entienden), empezando por su discurso viejo y violento (o contra los violentos, como dice él).

Mockus no es un político profesional, viene de la academia, dice no a la violencia, no a la represión, sí al diálogo. Sí a Hugo Chávez. Es sincero y hasta el más bruto del pueblo puede dimensionar su inteligencia cuando sabe que a los dos años comenzó a leer.

"En sus ratos libres no juega golf, como Juan Manuel, se dedica a investigar sobre filosofía y sociología", escribe el columnista de la revista Poder, Samuel Azout. "Sus teorías de comportamiento social se basan en la racionalidad del individuo. Para Mockus, la clave del avance de la sociedad radica en la construcción de una ciudadanía culta y responsable."

Los jóvenes progresistas de Bogotá y Medellín apostaban por él. Azout recuerda que su campaña se basaba en la construcción de una cultura de legalidad y en la revolución de la educación. Sergio Fajardo, el ex alcalde de Medellín y a quien se le atribuye la modernización de esa ciudad, era su compañero de batalla. Mockus-Fajardo es una fórmula que irremediablemente nos remite a cambio: dos hombres ligados con la transformación, con el futuro, con el entendimiento de las tribus urbanas, procedentes de la clase social que conoce cuánto cuesta en promedio un tintico en la calle. 

Las empresas encuestadoras, por su parte, indicaban que las elecciones serían muy cerradas. Ocho días antes daban un empate técnico. La muy respetada internacionalmente Gallup decía que Santos tenía 37 por ciento de los votos y Mockus 35 por ciento. Datexto fue más allá, al decir que si una semana antes de las elecciones se votaba, ganaba el de origen lituano, con 32 por ciento de la intención del voto, frente a 29 por ciento del representante de la dinastía periodística colombiana.

"La estrategia de comunicación de Mockus y su gente estuvo montada en internet y sus portales de Twitter y Facebook, alegando que eran mecanismos modernos de comunicación", recalca la edición del 2 de junio de la revista Poder, en su artículo principal.

Los medios locales preguntaban qué había pasado, por qué Mockus se había quedado tan atrás en la votación, cuando el apoyo que tenía en la red era maravilloso. 

Para los cibernautas, prácticamente, era el ganador, a pesar de las amenazas de muerte que constantemente le enviaban desde alguna computadora. 

Las casas encuestadoras dejaron su credibilidad por los suelos. La segunda vuelta electoral fue el 20 de junio de ese año y prácticamente se consideraba un mero trámite para que Santos asumiera el poder (y así fue).

"¿Qué pasó con Twitter?", preguntaba en su portada la revista Poder que comenzó a circular ese fin de semana en Colombia y que fue lo último que compré antes de subirme a un avión. "La exageración el culto a Twitter llegó a límites increíbles (…) Mockus y su campaña le entregaron demasiado poder al mundo virtual, y exageraron su penetración y credibilidad entre los colombianos (…) ¿Qué le pasó a mi Twitter?, debe ser una pregunta que ronda al candidato y a su gente desde la misma noche del 30 de mayo."

Twitter tampoco vota... no todavía.