Claudia Marcucetti nos habla de libros, teatro y situaciones comunes que nos ayudan a tenero un mejor trato con la sociedad
Instrucciones para vivir en sociedad
Claudia Marcucetti Pascoli
Para cuando seas fotografiado
La fotografía es el medio más elocuente y directo para fijar la época actual […]. La manera más efectiva para registrar con objetividad la vida en todos sus aspectos y de esto deriva su valor como documento”, escribió en 1929 Tina Modotti, experimentada fotógrafa y modelo favorita de uno de los padres de ese oficio: Edward Weston.
Efectivamente, una foto recupera un momento vivido y de otro modo perdido. Es una confesión ilustrada. Un recuerdo que puede llegar a convertirse en una obra de arte, o en la terrible prueba con la cual seremos juzgados por quienes nos ven, o nos verán cuando ya no estemos aquí.
Y con el descubrimiento de la fotografía el ser humano encontró un nuevo modo de consolidar su obsesión por inmolarse, perpetuarse, recordarse. Comprensible, pues somos egocéntricos, exhibicionistas y deliciosamente fatuos. Lo que no visualizó es que algunas veces la imagen de una persona revela lo que ni los retratados, ni el mismo fotógrafo, imaginaron, como fue el caso de Ricas y famosas de Daniela Rossell, una publicación que acabó ventilándole al mundo entero los excesos, el altisonante mal gusto y la perversión de una clase social en estado de deterioro.
Un caso más reciente: Andrés Carretero logró plasmar el culto al tinte de pelo (y hasta a la tintura de piel) y a la cirugía de las señoras de sociedad (y de edad) sin que las damas en cuestión se dieran por aludidas. Otros han conseguido captar en un rostro el misterio al que se enfrenta diariamente la existencia humana. Es el caso de Claudia Hans, quien acaba de exponer en la Galería Patricia Conde la serie Morido, (Premio del público en la Bienal de Fotografía en el 2010), donde retrata las sutiles y espontáneas reacciones de los niños ante el complemento indispensable de la vida: la muerte.
O hay quien, hurgando en la intimidad de los habitantes de casas de otras épocas, en especial modo las del nostálgico siglo XIX, vislumbró la intrínseca relación entre las personas y sus hogares, con sus decadencias compartidas. Un proyecto del español Bernardo Aja de Maruri, quien presenta actualmente Entre muros en el nuevo Centro Cultural Universitario de la UNAM en Tlatelolco, después de haberlo hecho ya en Portugal y Perú. (La exposición termina el 30 de abril).
Más allá de la interpretación de estos creadores de la imagen y de sus musas, estamos expuestos a los halagos, o a los estragos, de la cámara. Todos hemos experimentado el deseo de tenernos por más del segundo que dura un momento, o hemos dejado que un invasivo pariente nos inmortalice o, de menos, hemos necesitado una foto para la licencia, el pasaporte o la credencial del IFE. Así que para no tener sorpresas, impresas o digitales, que además pueden ser hoy en día divulgadas en alguna indiscreta red social que le descubra al mundo su yo oculto, es indispensable recordar que: para las líneas de expresión, ojeras, lonjas y manchas existen los retoques, pero para las arrugas del alma, que aparecerá irremediablemente reflejada en la luz de la cámara, no hay de otra más que estirar el espíritu.
*El título de esta columna está inspirado en el de la recopilación de artículos de Jorge Ibargüengoitia, publicados en el periódico Excélsior allá por los años 70: “Instrucciones para vivir en México”. Esto con la esperanza que su punzante pluma contagie mis textos y los disfrutes, amable lector, tanto como gozo yo a este escritor







